¡Hola! Escribo aquí para respetar el hecho de que en este blog todas las entradas son capitulos :D Os informo de que tengo nuevo blog, se llama Coleccionista de Deseos. En la primera entrada he explicado casi todas las dudas que os puedan surgir, pero así por encima diré que es en el bog en el que voy a empezar a publicar mi nueva historia.
http://coleccionistadedeseos.blogspot.com/
Saludos.

viernes, 4 de marzo de 2011

Capitulo 4

                                                              4

Daniela no deja de mirar el reloj. ¿Cuándo piensan irse sus padres? Ni Claudio, ni Raffaela saben nada de que la menor de sus hijas va a salir esta noche. No estarían de acuerdo pues los expertos no prevén buen tiempo. Mucho menos de acuerdo estarían si supiesen a donde va. Al invernadero. ¡Pobre de ella si se enterasen! No volvería a ver la luz del sol.
Vuelve a mirar el reloj. Las seis y media. Desde el sofá escucha el ruido que hace su madre con los tacones. No deja de moverse. Claudio lleva un rato esperando a que su mujer esté lista. Mientras espera hace como que le interesa el tan aburrido programa adolescente que están viendo sus hijas.

-Yo creo que la chica se queda con el rubio -comenta Claudio por hablar de algo.
-¿Qué dices? Se quedará con el moreno, es más simpático y más guapo -opina Daniela.
-Bueno no todas las chicas buscan a un hombre simpático y guapo -Claudio se da cuenta de lo que ha dicho después de decirlo. Mira a Babi. Bien. Parece que no se ha dado cuenta. Daniela en cambio mira a su padre y le sonríe.
-No creo que sea tan tonta como para querer más al rubio que al moreno -Daniela, al contrario que su padre, ha hecho el comentario a posta. Mira a Babi. Esta parece seguir concentrada al cien por cien el programa-. ¿De qué sirve que el padre del rubio trabaje en una buena empresa? ¿Desde cuando es más importante el dinero que la forma de ser?

Hace unos minutos que no se escucha el taconeo de Raffaela. Está allí. En la misma habitación. Escuchando el monólogo de Daniela. Raffaela espera a que Babi conteste a su hermana y la haga callar, pero Babi sigue sin hacer caso a nada más que al televisor. Raffaela decide responder a su hija.

-Puede que la simpatía del moreno no dure eternamente y que, dentro de un tiempo la trate mal y el rubio le haga sentirse bien. A veces es mejor pensar en el futuro que en el presente. ¿No crees Claudio? -pregunta para conseguir algo de apoyo.
-Claro -en verdad ni ha prestado atención al discurso de su mujer. Para él es una costumbre llevarle la razón. ¿De qué servía discutir? Siempre se va a salir con la suya-. ¿Nos vamos? -se pone en pie.

Raffaela besa a sus hijas. A Daniela se limita a darle un beso en la mejilla. A Babi le acaricia el rostro y le besa la frente.

-Estoy tan orgullosa de ti -Raffaela sigue pensando en el rubio y el moreno-. No os acostéis muy tarde -dice tras salir definitivamente de casa.

Daniela mira por la ventana. Ve al coche de sus padres alejarse. Salta de alegría.

-¡Por fin! ¡Creía que no se irían nunca!

Sale a correr y se mete en su habitación. Abre el armario donde guarda toda su ropa. Empieza el gran dilema.
Parece que no se ha enterado de nada. Parece que tenía todos sus sentidos puestos en la televisión. Parece que no le han dolido las palabras de Daniela. Nada de eso. Simplemente la ha ignorado. No quería entrar en el trapo. Ya es demasiado esfuerzo no pensar en él. Ya es demasiado esfuerzo convencerse de que su actual novio la tiene tan encandilada como la tenía Step… como la sigue teniendo Step. ¡No! Debe pensar en otra cosa. Ha dejado que las palabras de una cría de quince hagan que su corazón dude. No. Ella está con quien quiere y el chico que está con ella es perfecto. Nadie. Nadie le supera. Lo mejor sería llamar a alguien. Dejar de pensar en líos de rubios y morenos. Agarra el teléfono y marca el número que tantas otras veces ha marcado.

-¿Eres Babi o Daniela? -Pallina sabe que no cabe otra opción.
-Babi. ¿Tienes algo que hacer?
-Pues poca cosa la verdad.
-¿Te apetece ver una peli o algo?
-¿Salir? Hace mucho frío.
-Había pensado en verla en mi casa. Mis padres se han ido y Daniela se va ahora… -cambia la voz intentando dar pena-. Me quedo solita.
-Vale. En diez minutos estoy allí. Ya te vale con el chantaje emocional.

Al rato Daniela vuelve al salón. Lleva el cinturón escondido bajo su camiseta.

-¿Qué tal? ¿Parezco muy niña o muy mayor? ¿Demasiado pintada? ¿No iré muy pija así? ¿Crees que estos colores combinan? -Suelta una pregunta tras otras. Ni respira ni da tiempo a Babi para responder.
-Estás perfecta -Daniela coge aire para volver a la carga, pero Babi la ve venir y se le adelanta-. No preguntes nada más. Casi dieciséis -contesta segura de lo que Daniela le iba a preguntar. La pequeña le mira con cara de enfado-. Ahora que me fijo… Dieciséis -Daniela sigue sin cambiar la cara-. Dieciséis cumplidos hace unos meses… -aventura intentando que su hermana le sonría. Daniela no cambia la expresión-. Está bien. Faltan dos días para que cumplas diecisiete.

Daniela pega un salto y se abraza a su hermana con fuerza. Si el abrazo dura un segundo más la asfixia. Tocan al timbre.

-¡Andrea! -grita ilusionada. Va como alma que lleva el diablo hasta la puerta. Decepción. Es Pallina-. Hola Pallina -saluda desganada.
-Palombi te está esperando abajo.
-¡Es verdad! -mira el reloj. Las ocho y diez-. Olvidaba que quedamos en la calle. Adiós Babi -se limita a decir. No tiene tiempo para despedirse con un beso. Al salir casi arrolla a Pallina.
-¿Tus padres dejan salir a tu hermana? Va a caer una buena -dice Pallina refiriéndose a la lluvia.
-La verdad es que mis padres no lo saben. Pero irá al cine y quizás a un restaurante. No tiene porque empaparse.

Pallina toma asiento al lado de su amiga. El dilema del rubio y el moreno ya ha concluido. Babi hace zapping, pero no hay nada interesante. Acaba por apagar la tele. Las dos amigas comienzan a hablar. Comparan novios durante un buen rato.

-Sí. La verdad es que son muy buenos. Pero… -Pallina baja la cabeza y respira hondo. Babi se arrepiente del tema de conversación-. No es lo mismo sin él.

Pollo está en la memoria de ambas. Y, como no, Babi no puede evitar volver a recordar a Step. Hacía mucho que no lo veía. Más de un mes. Recuerda el día que lo dejó por teléfono, Que manera más lamentable de acabar con su historia. Babi vuelve a las dudas. De nuevo intenta convencerse. <<Es mejor así>>, se repite. Está ansiosa por cambiar de tema, pero Pallina se está desahogando y le da pena cortarle. Su amiga le cuenta anécdotas de cuando estaba con Pollo. Llega a la parte más trágica.

-Estaba allí tirado. Rodeado de gente. Recuerdo que en aquel momento solo quería despertar. Aquello era imposible. No estaba en los planes. ¿Por qué él? Podría haberle tocado a cualquiera. ¿Por qué a él? -vuelve a repetir entre lágrimas.

Estamos acostumbrados a vivir las noticias en tercera persona. Todo le pasa a otros. Éste murió de un ataque al corazón, aquel tiene una enfermedad incurable, los padres de ese se han muerto… Nunca pensamos en que nos puede tocar vivir alguna tragedia. Hasta que un día pasa y no puedes hacer nada. No tienes una barita mágica. No puedes cambiar nada. El destino está escrito ó quizás lo elegimos con nuestras acciones. El caso es que sucede y, en ese momento, te das cuenta de que no eres tan dueño de tu vida como creías. En ese momento despiertas. La vida no es tan bonita como te la habían contado. No hay superhéroes que siempre lleguen a tiempo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Capitulo 3


3

Está despierto, pero no tiene nada que lo haga salir de la cama. Allí metido, entre mantas, se encuentra bien. Al menos por fuera. Lleva un mes sin ganas de vivir. Es cierto, la noche anterior salió, corrió y ganó cien euros, pero no experimentó las mismas sensaciones que experimentaba antes. No disfrutó, no presumió de su cómoda ventaja ante los demás, no insultó al Siciliano cuando este le comento que no participaría en la segunda carrera. No fue feliz. Piensa durante un momento en que invertir el tiempo del presente domingo. Una cara conocida pasa por su cabeza. Poppy. Él fue la última persona con la que se peleó antes de que Babi lo dejara. Quizás Babi lo dejó por eso, se habría enterado de alguna forma. En realidad se engaña y en el fondo lo sabe, pero a veces es más fácil culpar a otros cuando los únicos culpables somos nosotros mismos. De todas formas, parece que ya tiene algo que hacer. Romperle la cara a uno de los que tiene culpa de que no siga con Babi. Decide levantarse, pero antes de iniciar la acción, sin venir a cuento, la puerta de su habitación es aporreada.

-¿Quién es? -pregunta Step desde la cama.
-Un chico pregunta por usted -responde María. Step le ha dicho muchas veces que le tratase de tú, pero ella no le hace caso-. Dice que es urgente. Está esperándole en el salón.
-Dile que ahora salgo -responde Step a regañadientes.

Se viste rápidamente con una camiseta negra de manga corta, un pantalón vaquero y las adidas negras.
Cuando entra al salón ve al Siciliano con una sonrisa de oreja a oreja.

-Ya te vale, son las una ¿hasta que hora duermes?
-¿A que coño has venido? -pregunta Step ignorando su pregunta.
-Me preguntaba si… ¿Hoy vas a correr o no?
-No lo se.
-Venga tienes que decírmelo.

Step supone el porqué de la pregunta, pero no le dice nada al respecto. No quiere pelearse con él. El Siciliano insiste.

-Venga, si corre el rumor de que participas vendrá más gente -le pelotea el Siciliano-. Ayer corriste. Eso significó una vuelta a las carreras ¿no?

Piensa diversas posibilidades mientras su amigo lo mira impaciente. Quiere una respuesta. Podría ir, ganar un pellizquito y volver a casa. Es lo que decidiría el Step de hace un mes. Pero ahora no es el mismo. El Step antiguo era definido como un joven pasota al que no le importaba nada. Incorrecto. Tenía interés en las carreras, las motos, la velocidad, el gimnasio… Vivía cada día como si fuese el último, hacia lo que le apetecía cuando le apetecía. Pero, entonces llegó. ¡Ay amor! ¡Dulce locura adolescente! Step nunca había creído en él hasta entonces. En ese ámbito todo había sido muy sencillo desde que escogió el camino de la velocidad. Babi no era una más. Lo supo desde el principio. No le dio miedo hacer cualquier locura por ella. Se sentía seguro. Despegó sus alas y subió desafiando a cualquier ave más experimentada. Y, justo cuando más la necesitaba, le cortó las alas. A más altura, peor es el golpe. Desde entonces Step sí podía ser definido como un adolescente pasota. Pasaba los días encerrado en su habitación. Tan solo hablaba lo justo con Paolo y María. No, él no era así. Tenía que volver a vivir. Lo había decidido la noche anterior. Haría el esfuerzo.

-En la segunda -termina contestando Step-. ¿Y tú?
-En la primera junto a Madda.
-¿Por qué no en la segunda?

Ambos saben la respuesta. Al Siciliano le encantaba competir con Step. Eran los máximos rivales. Pero, desde que Step no corría, él ganaba todas las carreras y no quería perder la racha.

-Le he prometido a Madda que hoy solo correría en la de camomilas -miente y sonríe a su amigo-. ¿Vienes a tomar algo? -pregunta para zanjar el tema de las carreras.
-Tengo cosas que hacer.
-¿El qué? ¿Dormir? Venga no me seas… Solo una cerveza. Hace mucho que no salimos juntos-. Mientras Step baraja la posibilidad el Siciliano sigue insistiendo-. No me seas gallina, ¿ahora te asusta una cervecita? ¡No vaya el niño a emborracharse y que su novia se enfade! -el Siciliano suelta una carcajada mientras Step le mira serio-. ¿Qué pasa? Era una broma.
-Ya no estoy con Babi.
-Entiendo… -de haber sido otra persona el Siciliano se hubiese reído de él, pero no quiere problemas con Step-. No me lo tengas en cuenta. ¿Vamos a tomar algo o no?
-No -esta vez el Siciliano deja de insistir. No quiere volver a meter la pata.
-Pues nos vemos esta noche.

El Siciliano se va.
Step vuelve a su dormitorio y tras ponerse una de sus chaquetas negras se despide de María con un descortés <<Adiós>>. Entra al garaje. Quita la patilla de la su honda y tras, al igual que la noche anterior, empujarla hasta la calle y cerrar el portón del garaje, se sube en ella. Hace frío. En poco tiempo se arrepiente de haber escogido una camiseta de manga corta. Mientras busca a Poppy adelanta a todo vehículo que se le interpone en el camino y levanta la envidia de algún que otro amante de las motos.
Al cabo de un rato lo encuentra. Está con sus amigos y con un litro de cerveza en la mano. Parece divertirse mientras cuenta una anécdota que sus amigos escuchan sin interrumpirle lo más mínimo.

-…Entonces le pegué un empujón y se cayó al agua -suelta una carcajada-. Al ver que el chaval no sabía nadar me tiré a la piscina y…
-No sabía que los gilipollas sabían nadar -todos giran su cuello. Descubren al recién llegado.
-¿No tuviste suficiente? -dice Poppy.
-Uno contra cuatro o cinco. Felicidades. Conseguisteis hacerme cosquillas -Step le dedica una media sonrisa.

Poppy corre hacia Step y éste lo espera sin moverse del sitio. Justo cuando Poppy lanza el primer puñetazo, Step lo bloquea con el brazo izquierdo y con el derecho le golpea con todas sus fuerzas en la ceja. Poppy cae al suelo y Step se le tira encima.

-¡Hijo de puta! -le grita mientras sigue insistiendo en la misma ceja. Poppy intenta llevarse inútilmente los brazos a la cara.

Mientras le golpea no puede evitar acordarse de Babi. De sus últimos momentos junto a ella. Ahora golpea más fuerte. Se aguanta las lágrimas.

-¡Tú tienes la culpa! -nadie entiende a que se refiere.

Los amigos de Poppy observan a éste tirado en el suelo y a aquel chico encima rompiéndole la cara. Ninguno de los cuatro quiere interponerse en el camino de los puños de ese bruto. Hacen memoria. Sí. Lo recuerdan. Es aquel tipo al que rajaron una ceja hace poco más de un mes. Se miran unos a otros. Ninguno reacciona. Su furia es impresionante y las palabras que dice no tienen sentido, ¿de qué tiene la culpa Poppy?
Step sigue lazando golpes. Poppy está cerca de perder el conocimiento. Ya casi no puede sentir dolor alguno. Ya ni tan siquiera intenta cubrirse. Step deja de pegarle por un corto periodo de tiempo. Lo agarra del cuello de la camiseta y lo zarandea.

-¿Por qué coño no me pegas ahora? -le grita. Mira a los otros cuatro chicos-. ¿Por qué no venís a por mí? ¡Dais asco! -Step vuelve a centrar su sentido de la vista y del tacto en Poppy. Vuelve a pegarle con fuerza.
-Déjalo ya -dice casi susurrando uno de los amigos de Poppy. No sabe si Step lo está ignorando o no le ha escuchado. Saca su móvil y marca un número. Le da a una mujer el nombre de la calle-. Acabo de avisar a la policía. Escapa ahora que puedes -dice ahora a más volumen.

Step se levanta y planta cara al chico que le habla.

-¿A la policía? ¿Avisé yo a alguien cuando me reventasteis la puta ceja? ¡Sólo dais pena! 
-Vete ahora que puedes -repite el chico. Step le escupe en plena cara y le mira. El chico aguanta su mirada. Step no parpadea y tiene la respiración muy acelerada.

Se vuelve y le lanza una última patada al ya inconsciente Poppy antes de subir de nuevo a la moto. Escapa a gran velocidad.
Cuando llega la policía Step ya hace un rato que se ha ido. Los policías llaman a una ambulancia y preguntan a los chicos quien le ha dado la paliza a su amigo. Nadie da ninguna pista. Ninguno de los cuatro se atreve a delatarlo.

-¿Pero no sabéis si llevaba el pelo corto o largo? ¿Rubio o moreno? -uno de los policías lo sigue intentando.
-Ha pasado todo muy rápido.
-Intentad hacer memoria -todos seguen sin aportar nada-. Está bien. Veremos lo que podemos hacer, son tan pocos datos… Esperemos que vuestro amigo recuerde lo sucedido.