¡Hola! Escribo aquí para respetar el hecho de que en este blog todas las entradas son capitulos :D Os informo de que tengo nuevo blog, se llama Coleccionista de Deseos. En la primera entrada he explicado casi todas las dudas que os puedan surgir, pero así por encima diré que es en el bog en el que voy a empezar a publicar mi nueva historia.
http://coleccionistadedeseos.blogspot.com/
Saludos.

sábado, 23 de abril de 2011

Capitulo 29

                                                              29

Camina a paso rápido, casi corriendo. ¿A qué hora empiezan las clases? A lo mejor ya han empezado… Da igual. Si tiene que colarse y sacar de los pelos a la pija, lo hará. Sabe que el juicio es a las diez y no piensa dejar que Step vaya a la cárcel, pero tampoco será ella su heroina. Si alguien debe salvarlo es Babi. No está dispuesta a tener antecedentes por culpa de Step. Quizás la historia sería otra si aquella noche no le hubiese hablado de esa forma…



Atrás quedó el avión, Nueva York, las noches en vela, las fiestas y el alcohol. Todo quedó atrás. Todo menos el amor. Eso sigue como estaba. Paolo está en el despacho, no en el suyo, en el de Rossi. En el de Sandro Rossi, el abogado de Step. El pobre hombre busca como loco una coartada, algo que justifique la paliza que el pequeño de los Mancini dio hace algún tiempo atrás. El abogado pregunta una y otra vez a Step, pero éste colabora más bien poco.

-No hay excusa.
-No se trata de que haya o no haya una verdadera excusa -acentúa la palabra “verdadera”-. Se trata de que no vayas a la cárcel. Si no hay una verdadera justificación, hay que inventarse una. ¡Y pronto!
-Se supone que ese es tu trabajo.
-Stefano has sido tú el que no has querido hablar conmigo en todo este tiempo.
-Step.
-¿Perdón?
-Llámame Step.
-Setefano -y hace una pausa mientras sonríe-. ¿Se te ocurre algo?
-Sandro, no voy a hacer tu trabajo.
-Rossi. Llámame Rossi.
-Sandro -le guiña y se ríe-, esto no es cosa mía.
-Eres tú el culpable de que ese chico estuviese inconsciente -se vuelve loco conforme habla-. ¡Tiene que haber algo! ¡Algo qué te justifique! ¡Algo! ¡Dime algo, joder!

Paolo alza la mano como si pidiera el turno de palabra e interviene en la acalorada conversación.

-¿El amor? -aventura.
-El amor -Rossi mira a Step. El chico le aparta la mirada-. El amor no justifica nada. Es algo que no existe. Es un invento del cine.

No puedes decir algo así. No ante dos personas que están enamoradas. Step pasa de las palabras del abogado, pero Paolo… Él hace poco que se enamoró, ¡no piensa permitir que hable así de algo tan maravilloso!

-¿Perdón? El amor sí existe.
-No creo en algo que no veo.
-Dígame ¿ve el viento?
-No, no lo veo.
-Pero, aún así, sabe que está ahí. ¿Por qué no iba a existir el amor?
-Es solo una opinión… -el abogado hace un intento de quitarle hierro al asunto.
-¡Pues se la calla! -grita enfurecido- ¡Por qué es un insulto para los que sabemos que existe! Que usted no lo conozca no tiene nada que ver… ¿Nunca ha sentido mariposas en el estómago?
-Paolo -le advierte Step.

No hace caso. Es más, se levanta de la silla y gesticula exageradamente mientras sigue con el particular discurso.

-¿Nunca ha querido parar el tiempo cuando está con esa persona especial?
-Paolo -vuelve a intentarlo en vano.
-¿Nunca ha creído estar loco?
-Paolo -intenta de nuevo Step.
-¿Nunca se ha despertado y…?
-¡Paolo coño! -grita Step al tiempo que da un golpe en la mesa y se levanta con furia de la silla. Los otros dos le miran-. De nada por las vacaciones, pero no te desvíes del tema principal -hace un intento de imitar su voz. Se burla -¿Nunca te has visto durmiendo en la cárcel?



Pallina cuenta alegremente lo ocurrido con Paolo. Las noches en Nueva York, las fiestas, los besos… Adorna cada frase, exagera cada momento en un intento de levantar cierta envidia en Babi. No lo consigue. Babi se alegra mucho por ella, pero no la envidia. No después de haber pasado su mejor fin de semana. Ella no recuerda las noches de Nueva York, pero sí los besos, las caricias, el escuchar <<te quiero>> nada más levantarse…
Las dos muchachas siguen caminando despreocupadas, unas contando miles de anécdotas, la otra escuchando mientras añora el fin de semana.

-¿Babi? -pregunta alguien a sus espaldas. Las chicas se giran-. Sí, sí eres Babi. Tenemos que hablar.

Babi se fija en la chica. Conoce esos ojos verdes, ese pelo azabache, esa vestimenta de tipa chunga… Es Madda.

-¿Para qué quieres hablar conmigo? No quiero saber nada de ti -responde Babi valiente y creciéndose ante Madda.

Tranquila. No le partas la cara. No aún. Espera unos días. Respira hondo Madda, respira hondo… ¡Dios dame paciencia para soportar a la pija! Y pensar que hago esto por Step… Todo sea por él. Por el chico que me dejó por otra…

-Mira niñata, no he venido a pelear.
-¿Y a qué has venido?
-¡Pues a hacer el tonto! Porque el cabrón de tu novio no se merece que haga esto por él.
-¿Qué estás haciendo por él?
-¿No sabes nada?
-¿De qué?
-Del juicio.

El tiempo ahora pasa lento. La cabeza está hecha un lío. Juicio. Juicio. ¿Qué juicio? ¿De qué habla? ¡Step! Habla de Step y de un juicio… Babi alza la vista a las nubes. Baja. Baja al igual que hizo unos meses. Baja de ese precioso mundo de estrellas, ángeles y amor, sobre todo amor. No, no se puede vivir allí arriba. El lugar de los humanos está abajo.

-Es a las diez. Casi mata a un chico. ¿No te lo ha dicho?

Babi mira a Pallina. Busca algo. Algo que le diga que Madda miente. Pero no, Pallina está seria. También la cree. Observa a Madda. Está seria, acalorada, su frente la recorren gotas de sudor. No. No miente. Mierda. Sale corriendo.

-¡Babi! -Pallina intenta detenerla a voces-. No sé porque estás tan encaprichada en joderle la vida…
-No le he jodido la vida a nadie. No soy yo la que va golpeando a todo el mundo.

Más arriba. Desde una ventana, una persona ha presenciado la escena. No ha podido escuchar bien lo que decían, pero los gritos de Pallina advierten que es algo serio. Sí. Lo mejor será llamar a los padres de Gervasi. No quiere que le pase nada malo.



-… El presunto agresor es Stefano Mancini. Con antecedentes por casos semejantes. Según cuenta el agredido, le golpeó hasta dejarlo inconsciente. Dice no recordar gran cosa debido a las lesiones… -un hombre informa al juez del siguiente caso.

Step está sentado delante. Frente al juez y al lado de Sandro Rossi. A su derecha está Poppy con su abogada. Poppy parece seguro, tanto como la rubia que piensa meter a Step entre rejas. Rossi asiente y sonríe a Step para darle seguridad. Alguien tose a su espalda. Se gira. Su padre y su hermano están justo detrás de él. Resopla. Hace ademán de volver a mirar al frente, pero justo entonces… ¿Qué hace allí? Entre tanta gente destaca ella. Ella. Una de las dos mujeres que más ha querido. Una de las dos mujeres por las que más ha llorado. Una de las dos mujeres por las que más ha sufrido. Hay que tener sangre fría. Congelada. Para tener el valor de plantarse aquí comos si nada… Pero le gusta. Le gusta que esté allí. Necesitaba verla. Si el lugar fuese otro se levantaría y la abrazaría… o quizás se levantaría y a medio camino la esquivaría. Es duro verle la cara… Su madre le sonríe y él le aparta la mirada. Cuando vuelve a centrarse en el juicio la abogada de Poppy está en pie y se dispone a hablar.

-Señor juez, miembros del juzgado… Es tan evidente que el señor Mancini es culpable, que podemos ahorrarnos horas de juicio. Así que en primer lugar, me gustaría pedirle por favor, que se declare culpable. El tiempo de todos es muy valioso… -La rubia mira fijamente a Step, quien le aguanta la mirada. Serio. Sin pestañear-. ¿Y bien?

Rossi se pone manos a la obra.

-¡Protesto señoría! No puede obligar a que mi cliente se declare culpable. No sin alegar pruebas.

Los dos abogados miran al juez.

-El señor Rossi tiene razón.
-Perdone, pero no le estoy obligando, le estoy dando la oportunidad.

Ahora el juez duda.

-Si es tan amable, empiece a aportar pruebas. Si en algún momento el señor Mancini desea declarar en su propia contra, tendrá libertad para hacerlo -el juez se siente orgulloso de resolver la primera de las rencillas entre los acusados y los acusadores.

jueves, 21 de abril de 2011

Capitulo 28


                                                              28

Noche. Domingo por la noche. Última noche en Nueva York. Última noche con ella… ¿Cuándo cambió el guión? Si no la conocía de nada… Ah, sí. Lo recuerda. Fue el viernes. El viernes por la noche. Era tarde y habían bebido. Todo empezó como un juego. Un juego tonto. Un juego tonto que, poco a poco, subió la temperatura para dar paso al beso. Al beso tonto. Fue ella la que se lanzó y, después de separar sus labios, la borrachera desapareció. Casi la obligó a que se durmiese y olvidara lo ocurrido, él prefirió pasar la noche en el sofá para evitar la tensión sexual.
El sábado fue un día duro. El día después del beso tonto. El ambiente entre ambos estaba tenso. Los dos intentaban romper el hielo, pero parecía que todo se podía malinterpretar. Recuerda la frase tonta. La frase tonta que soltó el día después del beso tonto. <<Ha hecho frío esta noche>> A simple vista parece la frase más inocente del mundo. Dicen que los ingleses, cuando ven a alguien desconocido y quieren entablar conversación, hablan del tiempo. ¿Por qué? Porque se supone que no va con segundas intenciones. Hablando del tiempo no puedes saber nada de la otra persona. Es la conversación menos íntima del mundo. Hasta con <<¿Te pongo más azúcar?>> se pueden descubrir más cosas sobre la otra persona. Con <<Ha hecho frío esta noche>> Ni siquiera puedes averiguar si a la persona le gusta el café amargo o dulce… Pero analicemos la frase. <<Ha hecho frío esta noche>> Es una afirmación. Una afirmación tonta que parece que va con segundas. Que parece que quiere decir otra cosa. Sí. En conclusión, en este caso <<Ha hecho frío esta noche>> es sinónimo de <<¡Quiero acostarme contigo!>>
Pero eso fue el sábado. El sábado, cuando Roma parecía tan lejos… Ahora es domingo y en cuanto vuelva a amanecer tendrán que volver a Italia. Ahora el beso no parece tan tonto. Es cierto que ni si quiera llega a los diecinueve, pero aún así… Da un trago largo al cubata. Apura hasta la última gota. ¡Qué demonios! ¡Step estaría orgulloso de él! A veces hay que arriesgarse a seguir el camino de las señales tontas. A veces hay que ser tonto… Le planta un beso. Un beso que sabe más a licor que a otra cosa. Un beso que sorprende a la chica.

-¿Paolo?

Tierra trágame.

-Pe-pe-perdón. Yo creía que… Pensaba que… Imaginaba…

Paolo nunca fue bueno con las justificaciones. Son pocas las veces que ha tenido que darlas. Al que se le da bien esto es a Step. ¿Qué habría dicho él en esta situación? Nada. No habría dicho nada. A Step nunca le ocurriría algo así. Él tiene más seguridad. Es él el que ser ríe de los demás. Con él, son las chicas las que malinterpretan las señales tontas. Las que ven cosas donde no las hay. A excepción de Babi claro, a esa si que no le miente.

-Por un momento. Por un absurdo momento -corrige-, he llegado a ilusionarme con la posibilidad de… -Pallina lo calla con un beso-. ¡Uau! -se le escapa al soltar el aire.
-No se si es el alcohol, Nueva York o que Babi me ha hecho creer que en el amor no hay fronteras, pero -lo mira. Lo mira bien. Nunca se había fijado en su pelo castaño, sus ojos a juego, sus pupilas brillantes y penetrantes. Es mayor que ella. Pero aún así…-, el caso es que a lo mejor yo también me he enamorado.
-¿A lo mejor?
-¡Venga convénceme! No puedo ponértelo tan fácil.

Paolo se acaricia el pelo mientras piensa. ¿Qué espera que le diga? ¿Un piropo? ¿Se supone que tiene que hacer por un momento de poeta y dedicarle unos versos?

-No sé lo que se hace en estos casos…
-Pues ponle imaginación.
-Está bien, dame un minuto.

Vuelve a poner rostro pensativo. No tiene ni idea de que decir o hacer. Nunca ha sido un don Juan. A lo máximo que ha llegado a aspirar es a Manuela y no es que fuera un encanto de mujer… Su hermano vuelve a cruzar su mente. ¿Qué haría él? De nuevo tiene la sensación de que no haría nada. Step es de los que ponen bajo presión, no de los que son obligados a confesar su amor. O ¿quién sabe? Babi parecía poco dispuesta a volver con él. Sí. Algo habrá tenido que hacer… En fin, el caso es que ahora no se trata de Step y Babi. Piensa Paolo… La mira. Pelo largo y moreno, ojos delicadamente claros a la luz de la luna. Es hermosa. Ahora le parece hermosa. ¿Cómo es que no se había fijado antes?

-¿Quieres que te convenza de que me quieres? -Pallina asiente. Paolo le sonríe-. No puedo hacer eso. Ya quisiera yo poder vivir a través de esos ojitos tuyos, pero todos no tenemos la misma suerte. Pero sí que te puedo decir porque estoy convencido de que te amo. Por tu jovialidad, tu forma de hablar, de reír, por tu visión del mundo, por tu pelo, tu mirada, tus labios, por como me miras cuando esperas a que me declare. En definitiva, por ser perfecta -le guiña y le sonríe para relajar el ambiente-. ¿Qué te ha parecido?
-Un poco cursi, pero creo que entras en el top ten de declaraciones. Aún así, te equivocas en una cosa -Paolo alza las cejas-. En mi opinión, ser perfecto es un defecto. Así que no puedo ser perfecta. La perfección no existe
-Pero mi concepto de perfección es otro. Es estar en Nueva York a la luz de la luna, emborrachándome con la chica a la que amo mientras digo cursiladas.
-Ahora que lo dices… Acabo de darme cuenta de que la perfección sí que existe. Acojo tu concepto. Tan solo cambio una cosa. Creo que esa perfección se mejoraría si el chico con el que estoy hablando dejara aún lado el alcohol y me dijera las mismas palabras, pero estando sobrio.

Paolo aparta el vaso hacia un lado.

-Ya no hay alcohol de por medio.
-Lo sigue habiendo dentro de ti. No me puedo fiar.
-Tú también has bebido. A lo mejor por eso mismo no te fías.

Se concentran el uno en el otro y sueltan una carcajada al mismo tiempo.

-Que conversación más tonta.
-¿Sabes una cosa? Hoy he descubierto que lo tonto es perfecto.
-¿Te puedo llamar tonto? -pregunta Pallina como indirecta.